1 Neuquen y San Martin de los Andes
VOLCANES, LAGOS Y PEHUENES.
Viaje a Neuquen, enero 2007
Protagonistas: Diana Otero, Silvia Mercère, Ernesto Roig y Francisco Gorricho Vehículo: la Partner 2004 de los Roig.
Kilómetros recorridos: 4306.
Los cuatro intrépidos viajeros junto al cráter humeante del volcán Copahue
INTRODUCCION
A Silvia, mi mujer desde hace 37 años, y a mí nos gusta viajar. Y solemos elegir los viajes para recorrer y conocer, en lugar de quedarnos “haciendo sebo” en un sitio determinado. También nos agrada, si podemos, viajar con amigos. A mí, además, me gusta escribir las experiencias vividas. Lo hago desde joven. Al principio, en forma manuscrita en un cuaderno. Luego descubrí que era mejor incorporar los relatos al álbum de fotos, y empecé a usar los nuevos medios técnicos (computadora) para escribir, posteriormente imprimir los textos, recortarlos y pegarlos como epígrafes de las fotos. Así cumplían la función de preservar los recuerdos para uno mismo y, eventualmente, algunos allegados. Es que para mí los viajes tienen su encanto en tres etapas. La primera es la preparación: trato de juntar material (información, fotos, mapas) sobre lo que uno va a visitar, e intento planificar lo más posible la actividad a realizar en cada día. Luego, el viaje en sí, y por último “la conservación de los recuerdos” con las fotos y el relato, que permite recrear los momentos vividos, ponerlos en valor y en perspectiva e incluso profundizar la investigación en aquellas cosas que nos dejaron interrogantes. Ahora, la existencia de Internet permite un mayor acceso a datos y a personas. Descubrí que había viajeros que contaban sus experiencias en páginas propias o en otras conjuntas especializadas en viajes. Así, una vez decidido el viaje a Neuquen, la “primera etapa”, la de preparación, se enriqueció con las experiencias concretas de otros viajeros. Me resultó muy útil la página Viajeros.com, y especialmente la página personal de Omar Bianciotto, que había hecho un viaje en varios tramos parecido al mío, dos años atrás. De modo que pensé que yo también podría compartir mis experiencias por Internet con la esperanza de que pueda dar algunos datos útiles a quienes estén por viajar para esos lados, o bien alentar a otros a efectuar un viaje similar. Sería bueno que se fuera formando una red de relatos en la que los interesados podrían recurrir y aportar, con datos frescos y actualizados permanentemente.
En este caso, lo excelente del viaje realizado me lleva a recomendarlo efusivamente. Fueron 11 días magníficos. Una primera etapa en San Martín de los Andes, con mayor intensidad de recorridos por las inmediaciones, y otra más “tranqui” en Caviahue, con excursiones cortas y el relax de las termas, compensado por la más exigente de las actividades realizadas: la subida al cráter del volcán Copahue. La diversidad de ambientes (la selva valdiviana de grandes árboles en San Martín y la relativa mayor sequedad de la zona de Caviahue) presentaron sin embargo algunos elementos en común: los lagos, los volcanes y los pehuenes que dan a la provincia de Neuquen una fisonomía muy particular y distintiva del resto de la Patagonia. Nosotros ya habíamos viajado en varias oportunidades al sur, pero nunca habíamos visto estos paisajes. En esta ocasión, habría que decir que en realidad no viajamos al sur, sino al oeste, ya que Neuquen está a una latitud similar a Mar del Plata, y es más: Caviahue y Copahue están un poco al norte.
Además de los comentarios y referencias prácticas respecto a rutas, alojamientos, comidas, excursiones, etc., me permití incluir algunas impresiones sobre historia, botánica, cultura, etc. que puedan motivar al viajero a profundizar en temas vinculados estrechamente a Neuquen, como pueden ser el pueblo mapuche, las particularidades de su árbol emblema: el pehuén, la actividad volcánica y termal, etc.
PRIMERA PARTE: EL VOLCAN LANIN
Domingo 14: desde Mar del Plata a ciudad de Neuquen
Salimos a eso de las 7:30 por ruta 88 y antes de andar 5 km nos encontramos con un tremendo accidente que había ocurrido minutos antes. Un auto no identificable, transformado en un montón de chatarra, se había tragado una columna. Alcancé a ver dos cadáveres tirados en la ruta, semi-cubiertos por la policía que acababa de llegar. Al día siguiente nos enteramos por la televisión que fueron 3 los muertos. Quizá extremando las precauciones luego de esta “advertencia”, paramos en Batán a comprar en la panadería El Trío las típicas facturas con que acompañar los mates ruteros y avanzamos por la ruta 88 disfrutando de los cultivos de girasol en flor. En Necochea cambiamos a ruta 228. Entramos a Tres Arroyos para conocer su edificio municipal de estilo francés y allí cambiamos a ruta 3, parando cerca de Bahía Blanca en una estación de servicio a almorzar unos sandwiches de queso y salame bajo los eucaliptos. Pocos kilómetros al oeste (más que al sur) de Bahia Blanca el paisaje deja de ser de campiña pampeana para empezar a transformarse en estepa patagónica. Al cruzar el río Colorado se entra (paradójicamente) en la provincia de Río Negro, con lo cual ya estábamos “oficialmente” en la Patagonia. Cometimos el error de haber llevado salame para varios días, ya que al efectuar el cruce del mencionado río nos lo hicieron tirar, pese a la apelación enérgica de Ernesto. No dejan pasar verduras, frutas ni carnes aunque sean secas. Al menos se salvó el queso tandilero que sí nos duró bastante tiempo.
Una interminable y desértica recta de 140 km une las localidades de Río Colorado y Choele-Choel, que es decir los ríos Colorado y Negro. En la primera curva ya cambia totalmente el paisaje al ingresar al famoso Alto Valle del Río Negro, pletórico de plantaciones de pera y manzana. En Villa Regina paramos a merendar en una estación de servicio y llegamos a la pujante ciudad de Neuquén con algunas horas de luz solar por delante. Para llegar a Neuquén hay que pasar primero por la aledaña ciudad rionegrina de Cipolletti, y cruzando el río Neuquén ya se está en la provincia y la ciudad homónima. Cierta curiosidad me ha despertado saber que este río confluye con el Limay a una muy corta distancia de ese puente, para formar el Río Negro, y que esa confluencia no sea punto de interés turístico (en ningún lado se la menciona). Nos alojamos en el Hotel Huemul (Tres de Febrero 335, 1 estrella, $ 90 la habitación doble) previo despiste que nos obligó a concurrir en la Dirección de Turismo, donde obtuvimos buenos mapas y folletos, y salimos a dar una vueltita a pie. Con sorpresa descubrimos que a dos cuadras del hotel se encontraba el Museo Nacional de Bellas Artes, un moderno y amplio edificio que resultó ser la única sede del prestigioso MNBA de Buenos Aires en el interior del país. Y que estaba presentando en esos momentos una “colección de escultura moderna española con dibujo” de primer nivel, con obras de Picasso, Dalí, Gaudí, Miró, Chillida, Oteiza y otros. Así que disfrutamos, y en forma gratuita, de una visita como para insuflarnos el espíritu con arte del mejor para afrontar nuestras incipientes aventuras. Luego de un corto paseo por el Parque Central, la avenida Argentina y su continuación Olascoaga, en la cual comprobamos la intensa vida de esta ciudad, que además da la impresión de ser ordenada y limpita, regresamos al hotel y con la Partner fuimos a cenar al gran patio de comidas del Super Jumbo y a dormir, aunque para ello debimos contar con el auxilio del ventilador de techo, por lo caluroso de la noche. Kilómetros del día: 990.
Lunes 15: de ciudad de Neuquen a San Martín de los Andes
Luego de realizar algunas averiguaciones en casas de repuestos, Ernesto pudo solucionar un problema técnico de la Partner cambiando la paleta de ventilación. Así salimos algo tarde, primero siguiendo el curso del río Limay (aunque no se lo ve en ningún momento) hasta Arroyito por ruta 237; allí tomamos rumbo directo al oeste por ruta 22, atravesando desolados parajes patagónicos sólo matizados por la presencia de cantidad de santuarios populares dedicados al Gauchito Gil, Difunta
cantidad de cisnes que le daban antiguamente ese color, y el motivo de la creación de este
nombre a las diferentes “geoformas” rocosas que iban apareciendo. Una de ellas era “la cabeza de indio” que aparecía como en bajo relieve dentro de una protuberancia rocosa negra en la cumbre de un cerro. Al tomar esta foto ya el ángulo de visión no permitía ver la figura. Cruzando el río Catan-Lil empezamos a seguir su curso por la ruta 24, de ripio. Aquí sí el camino va casi permanentemente al costado del río, dando hermosas vistas de sus orillas arboladas. El camino cruza el pueblo de Las Coloradas, que nos llamó la atención por ser seguramente el núcleo poblado de cierta importancia más aislado que encontramos en el viaje. Veinte km
suficientemente lejos y pálido como para que casi no se vea en esta foto, en la que registré a Ernesto tratando también de fotografiarlo. Poco antes de Junín la ruta gira hacia el sur y atraviesa esta población en la que habíamos intentado conseguir alojamiento sin éxito. El motivo aparente es la gran demanda habitacional de los pescadores, ya que parece ser éste el centro ideal de pesca. Como para destacarlo, los carteles de madera indicadores de las calles llevan grabado un pescadito. También se destacan cantidad de rosales decorando los bulevares. Cuarenta km más y llegamos a nuestro destino: San Martín de los Andes, en el borde del P.N. Lanin. Nos instalamos en la cabaña (o más bien departamento) del edificio El Montañés, que está sobre la misma ruta, entrando a la población, que ya toma el nombre de Avenida Koessler, Nº 1522, frente a la estación YPF, unas cuadras después del camping del A.C.A. en el cual habíamos estado acampando en 1989. Este lugar fue lo único que conseguimos reservar (aún con 20 días de anticipación) pero
Como los días son largos en esta época nos quedó luz solar para hacer una caminata, siguiendo por la ruta – av. Koessler, que en la misma esquina cambia de nombre a San Martín, pasamos por la plaza Sarmiento. Poco antes de llegar a la plaza San Martín recabamos información en la concurrida Dirección de Turismo.
cerros arbolados y que ha sabido mantener un estilo arquitectónico montañés, con mucha madera y techos a dos aguas en sus edificaciones. Por eso nos regocijamos de haber terminado alojándonos aquí ya que nos pareció una ciudad bastante más bonita y más equipada que Junín. Siguiendo por San Martín (me refiero ahora a la avenida, no a la plaza, que tiene también el mismo nombre que la ciudad), llegamos hasta el Lago Lácar; hay que desviar antes hacia la calle paralela
Villegas para acceder al mismo. He aquí un defecto de esta ciudad: tiene muy poco contacto con el lago, ya que, encajonada entre montañas, toca sólo el extremo este del mismo, que tiene forma alargada en sentido este-oeste como casi todos los lagos patagónicos, que ocupan valles transversales en la cordillera. Luego de disfrutar los últimos rayos de un sol muy
volvimos por calle Villegas, especializada en gastronomía, buscando de paso un lugar donde cenar. Encontramos “El Bodegón”, Mascardi esq. Villegas, un lugar con buena onda “para gente común”, propiedad de la firma “El Gordo y el Flaco SRL”. El Flaco estaba de vacaciones, el Gordo es el cocinero (la comida es a la olla y en horno de barro) y su mujer además de ser artista atiende muy amablemente las mesas. Buen ambiente, buena comida, buenos precios. Con el corazón contento y la pancita satisfecha, nos fuimos a dormir. Kilómetros del día: 490.