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Eppur si muove...

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Galileo Galilei, padre de la ciencia,

víctima de la religión.

 

Alguien dijo: “Cuidate de los que están dispuestos a morir por sus ideas, porque también están dispuestos a matar”.

 

El que no estuvo dispuesto a morir por sus ideas fue Galileo Galilei. Creo que el cardenal Belarmino, que condenó a Galileo en 1633, es el religioso típico: castiga las evidencias que van en contra de sus verdades sagradas. Y el científico típico es el mismo Galileo, quien obligado a retractarse de sus “herejías” (entre ellas la de considerar que la tierra gira alrededor del sol), lo hace. Seguramente consideraba Galileo que no valía la pena morir por defender esa idea, como le había ocurrido años antes a Giordano Bruno, condenado por el mismo inquisidor. “Si no querés que se mueva… bueno, no se mueve”, habrá pensado Galileo. Pero luego de leída la humillante abjuración (“abjuro, maldigo y detesto los errores y herejías mencionadas, y en general, todo otro error y sectarismo contrario a la Sagrada Iglesia”, dijo entre otras cosas el eminente científico), Galileo murmura: “eppur si muove…”

 

La Fe se maneja con Libros Sagrados de los que emanan Verdades Sagradas. La tolerancia no es su fuerte. No admite herejes ni infieles, se propone acabar con ellos. La ciencia, por el contrario, se basa en la duda. Dudar sobre lo aparente, sobre las creencias, sobre lo aceptado, es la fuente que la inspira. No le interesa cómo deben ser las cosas, sino como son en realidad. No necesita mártires ni víctimas, sólo gente inteligente que investigue y razone.

La fe es enemiga de la razón.

 

 

 

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