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AZUL Y ROJO

http://pachig.blogspot.es/img/san_lorenzo.jpg “Yo, para querer, no necesito una razón”, dice un hermoso bolero. Y es una gran frase, porque pone de relieve que el ser humano no se mueve solamente por razones, muchas veces nos movilizan cosas al margen o incluso enfrentadas con la razón. Para ser hincha de San Lorenzo se podrían esgrimir distintas razones: es un club grande, ha logrado muchos campeonatos, ha vivido y superado heroicamente momentos difíciles, como este de haber zafado del precipicio del descenso;  es más representativo de Buenos Aires y su espíritu tanguero que otros clubes; hay otros clubes grandes como River y Boca, pero unos son gallinas y otros son hijos nuestros;  cuenta en su haber con records tales como haber sido el primer campeón invicto, el primer bicampeón en un año, el que más partidos seguidos ganó, etc. etc. Pero seamos sinceros: para ser hincha de un club no hace falta ninguna razón. Sin embargo, yo puedo aportar una razón más curiosa: sus colores. El azul y el rojo no son dos colores del montón. Son colores simbólicos. Cualquiera lo puede apreciar en aparatos tales como grifos de agua: no hace falta mucha perspicacia para darse cuenta de que la llave roja dará agua caliente y la azul, fría. Es que el rojo es el color cálido por excelencia y el azul, el frío. De ahí que lo caliente, lo ardoroso, se identique con el rojo, y lo frío, por el contrario, con el azul.

Con el rojo se identifica la sangre, y con ella el corazón, la emoción, la lucha, el sentimiento, la fe, la pasión en su doble significado: emoción intensa o dolor, enfermedad, fiebre. Por el contrario, lo azul refiere más al frío cálculo, al análisis, a la inteligencia, a la razón.

Que ambos colores estén unidos en una camiseta es, quiérase o no, una representación de cómo estamos constituidos los seres humanos: una

parte azul, racional y otra roja, pasional, emotiva.

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Lo azul es lo que está bien, lo permitido. Así lo identifica, por ejemplo, los carteles que habilitan el estacionamiento, y así deberían indicarlo los semáforos, en lugar de la luz verde, lo cual de paso nos vendría muy bien a los daltónicos. Está claro cual es el color de lo prohibido: rojo.

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Las paradojas de lo humano no se dan sólo con lo rojo, que representa a la vez lo apasionado y lo enfermo (fiebre), sino también con lo azul: lo normal, lo permitido, lo que está bien, lo correcto, pero también lo conservador y hasta lo muerto. “Azul quedó” decía siempre un sketch de Juan Carlos Mareco “Pinocho”.

Es que sòlo es proclive al frío análisis detallado, a la disección, lo que ya está muerto, lo que perdió su vértigo vital. Y lo rojo prohibido, lo que está mal, lo peligroso, es muchas veces lo rebelde, lo revolucionario, lo que no se resigna a a la chatura o a la esclavitud, lo que busca el cambio. No es casual que la bandera revolucionaria sea roja en lugar de azul.

Es decir, lo rojo es lo enfermo, pero vivo; lo azul es lo racional, pero sin esa fuerza vital.

Como dije antes, los seres humanos tenemos una parte roja y otra azul. Pero estoy seguro, pese a que siempre se dijo que lo que nos distingue de los animales es la razón (azul), nuestro componente rojo es mayor.

En principio, no todo lo racional es correcto (azul). El error se marca siempre con rojo, y el porcentaje de razonamientos errados que tenemos es sin duda muy alto. Así que entre razonamientos errados y pasiones, seguro que lo rojo supera ampliamente a lo azul. Y en mi caso, mi parte roja sin duda es lo que me hace ser tan fana de San Lorenzo.

Mi expectativa es que el ser humano vaya aumentando la parte azul de su vida, para al menos lograr un equilibrio con lo rojo (como en la camiseta de San Lorenzo). Es que el rojo empuje, la fuerza, la voluntad, el sentimiento, logran mucho en la vida, pero yo tengo siempre presente que si la humanidad ha progresado desde la Edad de las Cavernas, ha sido más por el frío azul del conocimiento y de la ciencia que por el rojo de las pasiones, la fe y las guerras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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